“El mundo necesita a Cristo”

“Sean los primeros en tratar de hacer el bien, de no habituarse al mal, sino a vencerlo”..

“Quiero lío en la diócesis”

"Jesús nos ofrece algo más grande que la copa del mundo. Nos ofrece la posibilidad de una vida fecunda y feliz,... y la vida eterna" P.F.

“El odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida”

"Ustedes son el campo de la fe. Ustedes son los atletas de Cristo. Ustedes son los constructores de una Iglesia más hermosa y de un mundo mejor".P.F.

“No licuen la fe en Jesucristo”

“Chicos y chicas, por favor, no se metan en la cola de la historia, sean protagonistas. Jueguen para adelante. Pateen para adelante”.

“La fe está viva cuando se comparte”

“Les pido que sean revolucionarios… tengan el coraje de ir contra la corriente. Tengan el coraje de ser felices”.P.F.

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miércoles, 29 de enero de 2014

REFLEXIÓN: «Inmediatamente, dejando las redes, le siguieron»

«Inmediatamente, dejando las redes, le siguieron»
Lo deja todo el que no guarda nada para sí. Lo deja todo el que, sin reservarse nada para sí, abandona lo poco que posee.
Nosotros, por el contrario, nos quedamos atados a lo que tenemos, y buscamos ávidamente lo que no tenemos.Pedro y Andrés pues, abandonaron mucho al renunciar los dos al mero deseo de poseer. Abandonaron mucho puesto que, renunciando a sus bienes, renunciaron también a sus ambiciones.
Así pues, al seguir al Señor renunciaron a todo lo que hubieran podido desear si no le hubiesen seguido. Que nadie, pues, incluso el que ve que algunos han renunciado a grandes riquezas, no diga para sí mismo: «Mucho quisiera yo imitarles en su menosprecio de este mundo, pero no he dejado nada ». Abandonáis mucho, hermanos míos, si renunciáis a los deseos terrestres. Y el Señor se contenta con nuestros bienes exteriores, por mínimos que sean. Porque, en efecto, lo que él aprecia es el corazón y no los bienes; pone más atención en las disposiciones que acompañan a la ofrenda que le hacemos, que a la misma ofrenda.
Porque si tenemos en cuenta los bienes exteriores, vemos que nuestros santos comerciantes han pagado con sus redes y sus barcas la vida eterna que es la de los ángeles. El Reino de Dios no tiene precio: y sin embargo sólo vale lo que tenéis.

Por San Gregorio Magno (hacia 540-604), papa y doctor de la Iglesia. In Kephas 1, pp. 451-452
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